Al empezar la tercera década del siglo (1920-1936), el automóvil se impuso con rapidez en la mentalidad de los salmantinos. Aunque había pocos coches en toda la provincia, empezaban a exigir ya una Plaza europea que reflejara el dinamismo de un futuro motorizado. Entonces se abrió el ardín y se fueron eliminando uno tras otros los elementos eclécticos que se habían acumulado a lo largo de casi cincuenta años. Antes del invierno de 1920-1921 se arrancan los últimos árboles. Durante la primavera de 1921 se quitan los canapés del perímetro del ardín, se colocan los bordillos de granito, se excavan zanjas para instalar un nuevo alcantarillado, se amplía el espacio dedicado a paseo y sobre todo, se pavimentan las vías para el tráfico, que rodaba sobre llantas de goma.
para facilitar el tránsito rodado se eliminan los cuatro antiguos escalones de la Puerta de San Martín, labor que se vio obstaculizada por el hallazgo de restos humanos enterrados delante de la iglesia. Para los que daban vueltas a la Plaza, ´´esta se abrió a infinitas trayectorias, ya sin tener que pisar ni agua ni barro en los días de lluvia y sin olor a orines de caballo en los días de sol. Armonizada, despejada y limpia, la Plaza Mayor llegaría el estallido de la guerra civil, en 1936, convertida en escaparate permanente de las modas propias de la cultura motorizada y de las nuevas formas de ocio implantadas en la Europa de entreguerras.
El amplio espacio formado por aceras, vías y senderos se prestaba mejor a unas actividades tan refinadas como los encuentros espontáneos entre personas de buen gusto. La "ropa hecha" que se exponía en los escaparates de Rodríguez y otras tiendas se inspiraba en los elegantes diseños de Poiret y Chanel, de París. Las vueltas a la Plaza Mayor servían tambien para admirar los objetos exhibidos en la Perfumería Boyero y las exquisiteces del comercio Paulino al partir de enro de 1928.
En la época del jazz y el charlestón, Francisco Torres convirtió Las Torres en un café cantante, con escenario para celebrar sesiones musicales y pequeñas representaciones. Y aunque las bandas de música de toda la vida siguen tocando en el templeta hasta el 26 de septiembre de 1930, la Plaza de los felices años veinte fue un espacio cosmopolita y neutral, abierto al libre movimiento de los habitantes de la ciudad.
Con la llegada de la república, la Plaza iba a recuperar su aspecto de gran teatro monumental. Las veladas serán cada vez más concurridas y las ceremonias más vibrantes. Los músicos amenizan ya sin templete las mayores concentraciones de personas sobre una plataforma provisional. Y mientras las tradiciones burguesas de la Europa de los veinte seguían improvisándose en los treinta, La Plaza de la República se prepara para acoger los más enconados encuentros políticos y sociales.
Una de las primeras celebraciones que se realizaron en la nueva Plaza fue el desfile del batallón de la Victoria. El 25 de agosto de 1921 con "solemnidad emocionante" los soldados desfilan por ella como despedida, antes de salir hacia Ceuta y emprender la aventura neocolonial de la década de los viente. Poco después según El Adelanto del 3 de noviembre las autoridades anunciaron que la provincia de Salamanca sería la primera en regalar al Ejército dos aviones Haviland.
Durante los primeros años de la década, la Plaza vivió un conflicto entre la tradición y la modernidad, mientras los conservadores de la tradición se molestan por el tránsito rodado los grupos más modernos exigen reformas más radicales. Francisco de Cossío, escribirá en El Adelanto el 28 de abril de 1923 sobre el anacronismo de la Plaza Mayor.
Días después en La Gaceta Regional del 21 de mayo aparecen noticias sobre "el festival de chóferes" con una bendición de coches.
Hubo otro anacronismo polémico pero esta vez social. En aquella época se conservan las diferencias entre los distintos grupos sociales de la ciudad. La Gaceta Regional del 14 de mayo de 1925 se comentan no sin ironía, los esfuerzos realizados para modificar aquellas constumbres, pero a pesar de todo la Plaza disfruta ya del aire cívico, expansivo y eficaz, caracerístico de un moderno centro urbano.
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