Las primeras pompas de la" España Nacional", se exibieron en la Plaza Mayor. Después de establecer en Salamanca su sede militar,pero antes de fijar la política, Franco, hizo de la Plaza el centro de las más espectaculares manifestaciones de su gobierno. En ella se hispanizaron los esquemas propagandísticos desarrollados por Hitler y Mussolini y se perfeccíonan los desfiles de la Guardia Mora, que habrían de lucir en las victoriosas paradas militares de Barcelona y Madrid, en febrero y marzo de 1939. Contraviniendo algunas costumbres y asimilando los nuevos modos, en el afán de legitimar la trayectoria del Caudillo, la Plaza Mayor llegó a ser la Plaza Imperial de la Cruzada.
Después de la guerra y del traslado de Franco a Madrid, Salamanca volvió a la penumbra de la Historia y la Plaza se convirtió en uno de los monumentos castizos y señoriales con los que el régimen se defendía con altivez del aislamiento internacional.
La Plaza fascinante de los primeros meses de la estancia de Franco en Salamanca, la Plaza fue el centro espectacular de las exhibiciones del Gobierno Nacional, pero para poder acoger a los embaadores de Alemania e Italia y poder crear un coliseo que estuviera a la altura de las grandes manifestaciones totalitarias, la Plaza se transformó en un teatro en el que ensayar los randiosos desfiles de la Guerra y las ceremonias de la cultura Cruzada, ya en la postguerra.
En 1937 según El Adelanto, "Salamanca se manifiesta jubilosamente por la victoriosa entrada de nuestro ejército en Málaga".
La Plaza imperial con la exótica altivez de la Guardia Mora inspiró la imaginación de Franco y sus propagandistas. La grandiosidad escenográfica del desfile desembocó inmediatamente en unas ínfulas imperiales cuya versión arquitectónica serían las construcciones escorialistas de madera y cartón-piedra de la guerra y los grandes edificios y arcos de triunfo de granito de la postguerra.
La plaza sentimental que junto a la visión grandiosa, proyectada por medio de fotografías y películas hacia toda España y el resto del muno, coexistió otra visión de la Plaza, nostálgica y sentimental, el ambiente hogareño fue otro de los tópicos de la propaganda nacional y para ello se inventan imágenes de la Plaza como comunidad pacífica y tradicional, que Franco prometía proteger contra los agresores republicanos.
En la mitología falangista, la Plaza es un ámbito de carácter doméstico para las actividades filantrópicas de organizaciones como la Sección femenina, o el Socorro de invierno, las imágenes encontradas en los archivos de la Legión Cóndor, que corresponden a la propaganda desplegada en 1937, muestran detalles de los ardines convertidos en refugio de las virtudes consideradas "femeninas", como la dulzura: señoritas sonrientes recolectan fondos para los heridos de guerra.
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