lunes, 2 de enero de 2012

Proclamación de la República

A partir de la proclamación de la República, la Plaza se llena con frecuencia de grandes masas movidas por las corrientes políticas nacionales e internacionales dominantes en la década de los años treinta. El acto mismo de la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, un militante republicano arrancó los bustos de Alfonso XII y la Princesa de Asturias de la fachada de la Casa Consistorial.
Grandes multitudes se congregan ante personajes importantes que se asoman a los balcones, en un ambiente nuevo, en el que las estrechas relaciones interpersonales, se han convertido ya en una fórmula, a la que los salmantinos se acostumbran poco a poco. Se trata ahora de una relación entre elementos activos y pasivos y en consecuencia de mayores posibilidades de excitar y manipular a las masas.
En 1932 dos grandes acontecimientos afectaron a la Plaza Mayor. El 9 de julio arte el Hotel del Pasaje, destruyéndose así uno de los elementos modernos de la Plaza al principio de siglo.
Seis semanas después 15.000 personas se manifiestan a favor de la República, amenazada ya por por intentonas militares y rechazos monárquicos, durante la manifestación celebrada el domingo 21 de agosto de 1932, la Plaza se llena de fervorosas multitudes, descritas así en la prensa del momento: " las masas de republicanos y socialistas de los partidos locales fueron al frente de los campesinos y el desfile de hombres y banderas en la gran Plaza Mayor, fue algo tan insólito, que causó asombro".
En los dos últimos años de la República, la Plaza Mayor acusó más las profundas tensiones sociales y económicas que agitaron al país. En 1935 "Paulino" hacía publicidad de los últimos modelos de radios Atwater Kent, mientras "Felisa", en el número 6 se presentaba como "La casa predilecta del público elegante".
A partir de julio de 1936, la Plaza aparece casi diariamente en La Gaceta Regional con motivo de espontáneos homenajes, desfiles de milicias voluntarias, subscripciones patrióticas y clamorosas ovaciones de los fervorosos católicos en maravillosos espectáculos y aplausos ensordecedores y emocionantes.

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